by Valentín Elías Pineda
Fuente: Blog de Masticadores
Soleas – Las Bases del Futurismo
Por los artículos que he estado publicando, muchos podrán pensar que no me creo para nada que los extraterrestres nos hayan visitado nunca y pocas posibilidades hay de que nos vayan a visitar. Nada de eso, primeramente, tengo mucho respeto por muchos estudiosos de este tema al que han dedicado muchos años de esfuerzo e investigación. Por otra parte, hay testimonios difícilmente contradecibles de quienes los han visto, aunque no hayan podido transmitir la evidencia que ellos vieron. Me encantaría cantar victoria de que por fin hemos descubierto una evidencia totalmente irrefutable y transmitible de que existe una civilización capas de tener puertos interestelares que es lo máximo a lo que puede llegar la tecnología. Aparte de haber llegado al máximo en migración del espacio y haber resuelto el dilema del futuro.
Nada me gustaría más que eso, créanme. A tal efecto me he puesto a investigar sobre posibles evidencias.
De acuerdo con los artículos precedentes, una civilización que vive en la prehistoria posee un atractivo bastante especial para unos visitantes extraterrestres. Primeramente, no se van a tener que enfrentar a grandes depredadores como dinosaurios y los habitantes del paleolítico verían a los visitantes extraterrestres como deidades en lugar de enfrentarse o intentar aprovecharse de ellos.
Un robot de estas características lo he visto hace poco representado en una pintura rupestre.
Soy ingeniero en robótica y afirmo que este robot, si se confirma que la edad de la pintura es correcta, no lo ha pintado un humano primitivo como producto de su imaginación, realmente lo ha visto.
También en otra pintura rupestre he visto representado un robot cuya forma está también excavada en una montaña en un lugar distante. Puede ser indicativo de una nave que ha lanzado diversos robots del mismo tipo en diversas ubicaciones.
Mientras se verifica la autenticidad de las pinturas y las excavaciones, me falta encontrar el robot o alguna pieza del mismo, que encaje con las representaciones, que se pueda datar de época prehistórica, para cantar victoria de que por fin tenemos una prueba irrefutable que es transmitible físicamente a otras personas.
Descarto la posibilidad de que los robots hayan vuelto a su planeta de origen una vez hayan realizado las transmisiones que tenían encomendadas, es demasiado costoso.
En la prehistoria, el robot no tiene fuentes de energía para reabastecerse, con lo cual, la visita se habrá diseñado para un tiempo máximo de permanencia en la Tierra.
Una vez que el planeta de origen tenga las transmisiones necesarias o el robot reconozca que ya las ha hecho, la consigna que tendrá será la de autodestruirse para que su tecnología no llegue a caer nunca en malas manos en el planeta de destino.
La autodestrucción por nano- robot es una posibilidad, en tal caso nunca encontraremos ningún vestigio. Si se ha tirado a un volcán, tampoco.
Quizá la orden de que se funda inmediatamente puede tener más sentido sobre la de que explote. En tal caso, el robot quedaría hecho un “pastiche” de metal y plástico.
Ya tenemos una posible búsqueda para las excavaciones arqueológicas. Difícilmente encontraremos una caja de engranajes o una tarjeta de control, pero un amasijo de plástico, metal u otro composite que se pueda datar como prehistórico, puede ser colosal.
