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VIAJES INTERESTELARES Y OVNIS (2-El viaje)

by Valentín Elías Pineda

Fuente: Blog de Masticadores

Libro-valentin Soleas – Las Bases del Futurismo

En el supuesto que esté preparada una nave que probablemente medirá kilómetros de longitud, probablemente un kilómetro o más de diámetro, con motores de antimateria en la popa para la impulsión y en la proa para el frenado, potentes cañones láser y sistemas de localización para pulverizar meteoritos, una tripulación de cientos de personas con sus enseres y víveres para decenas de años, llega el día en el que empieza el viaje.

Si estuviera la nave en algún punto de Alfa Centauri, una nave extraterrestre como la mencionada que viaje hacia la Tierra podrá ser detectada por un telescopio orbital tipo Hubble ya desde su partida. La ignición de la arrancada con explosiones nucleares controladas para su impulsión hacia la Tierra, los láseres bombardeando meteoritos y las luces de la propia nave, dan una combinación de un elemento de comportamiento extraño o por lo menos nada frecuente, si es observado desde un telescopio.

Una nave del tamaño de un cometa grande moviéndose a una velocidad comparable a la de la luz ya sería algo bien raro de ver, pero además con luces de popa para la impulsión, destellos de luces en la proa y luces laterales. Los restos de los meteoritos bombardeados en combinación con las luces de los fogonazos de popa dejarían una estela bien larga discontinua de polvo estelar. La combinación de todos estos elementos hace que la observación de una nave de este tipo sería considerada como un fenómeno bien anormal desde cualquier telescopio e incitaría mucho a investigarla. Con lo cual, el viaje de una nave interestelar extraterrestre muy difícilmente puede pasar inadvertido y seguro que se conocerá años antes de la llegada a la Tierra.

Conforme más se acercase a la Tierra más observadores se apuntarían a observarla con telescopios cada vez más potentes y un telescopio orbital vería con claridad que se trata de una nave extraterrestre y no de un comenta, seguramente meses antes de llegar al sistema solar.

Al llegar a nuestro sistema solar, debería empezar a frenar ya por lo menos desde Urano. Los fogonazos de los motores de antimateria del frenado los veíamos con claridad desde la Tierra como destellos intermitentes.

Muy probablemente ya se habría contactado con ella y ella ya nos habrá devuelto el contacto llegado este punto.

Si cuando llegue una nave de estas, no hemos desarrollado aún la migración al Espacio, no tendremos asentamientos en la luna ni en Marte con lo cual la nave se acercará todo lo que pueda a la Tierra para conocernos.  Habrá tardado unos 40 años en llegar desde su punto de partida.

Esta nave no se puede quedar cerca de la órbita terrestre. Un fallo en uno de los contenedores de antimateria provocaría dos explosiones nucleares que dañarían irreversiblemente la atmósfera terrestre, ozono, ionosfera, etc…, además de la lluvia de material radiactivo que caería sobre la Tierra. Si las explosiones se dan además cerca de la luna, esta podría modificar su trayectoria hacia la Tierra bien tomando rumbo de colisión con ella o saliéndose definitivamente de la órbita terrestre, además de la gran cantidad de polvo lunar radiactivo que se levantaría.

La nave interestelar debe frenar definitivamente una distancia de unos 4 o 5 millones de km de la Tierra para evitar estos posibles efectos.

Con lo cual tiene que ser una sub-nave la que salga de la nave principal para ir a la Tierra. Para recorrer 5 millones de km necesitará algún tipo de motor iónico, si fuese combustible necesitaría una cantidad inmensa que debería transportarse también en la nave interestelar. Si la sub-nave va a aterrizar en la Tierra, deberá ser una nave de grandes proporciones para poder recorrer un total de 10 millones de Km y saliendo del pozo gravitatorio terrestre.

Si la sub-nave llega a la órbita geoestacionaria terrestre y desde allí suelta unos cables de grafeno, como los de un elevador espacial, que lleguen al suelo y con un habitáculo descensor-ascensor desembarca y embarca la tripulación, el coste se abarata en varios órdenes de magnitud, además, una nave grande, sería muy difícil de reparar si tiene una avería en Tierra, con el riesgo de que la tripulación ya no pueda volver más a su planeta de origen.

Parece que el elevador espacial se convierte en una parte inevitable de un viaje interplanetario y si alguna vez vemos algún visitante extraterrestre, bajará por un cable en vez de venir en un platillo.

Continuará…

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