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El síndrome USTeD: una mirada retroprospectiva de Horacio Godoy frente al impacto de la IA

Por Alejandro Ruiz Balza – alejandroruizbalza@gmail.com

Conocí a Horacio H. Godoy en 1988, durante un encuentro en el Hotel Plaza de Buenos Aires al que concurrí en mi carácter de pasante de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación. Un orador impactante y magnético, con un lenguaje accesible que invitaba a la prospectiva sin barreras de ingreso. Si bien en su CV podemos leer el jurista y politólogo, es sobre todo pionero en el análisis de las relaciones entre tecnología y sociedad en América Latina.

Un año antes, durante unas jornadas organizadas por el cooperativismo eléctrico argentino, Horacio H. Godoy había presentado un libro de su autoría, un trabajo que, leído hoy, sorprende por su lucidez anticipatoria respecto de los desafíos que enfrentarían nuestras sociedades frente a la expansión de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs). Me refiero a “Socialware: Las cooperativas electrónicas y de servicios privados: un modelo de aplicación social de la informática” (1987). En aquel momento, hablar de cibernética, redes sociales integradas de datos o tecnologías de la información aún parecía terreno exclusivo de las grandes potencias.

Sin embargo, Godoy ya advertía que América Latina no podía seguir repitiendo el patrón de consumir superficialmente tecnologías desarrolladas en otros contextos, sin preguntarse por su impacto real en nuestras sociedades. En este breve artículo nos proponemos revisitar su obra para pensar nuestro presente y por supuesto nuestro futuro.

El síndrome USTeD como metáfora de la asimetría Norte – Sur

USTeD es el acrónimo de Uso Subdesarrollado de Tecnología Desarrollada. Godoy lo define como la situación en la que las sociedades adoptan superficialmente tecnologías que son vistas por gobiernos, mercados y la sociedad en general como el “último grito de la moda” y que la mayoría de las veces no son opcionales para mantenernos en el mercado laboral. Para solo mencionar algunas en una línea de tiempo que sirva de puente entre el autor y nuestra cotidianeidad podríamos encadenar a la informática en los ’80, Internet, la Web y el paquete Office en los 90s, los smartphones, la nube, las Apps en la primera década de este siglo y inteligencia artificial (IA) en nuestros días.

El punto nodal que señala Godoy es que lo hacemos sin los conocimientos, capacidades institucionales ni marcos culturales adecuados para orientarlas estratégicamente con los objetivos de desarrollo de nuestras comunidades. Comenzamos entonces a transitar la paradoja y el simulacro: una infraestructura de última generación, pero desacoplada y sin capacidad alguna de transformar las condiciones estructurales que promete el marketing asociado a las mismas, allí emerge el síndrome: “La potencia tecnológica de los sistemas queda reducida a los límites y niveles de la ignorancia del usuario. Esto es USTeD” (Godoy, 1987, p. 22).

Si bien las tecnologías no son ni buenas ni malas en si mismas, pero tampoco son neutras, no se trata para el autor de una crítica a la tecnología (Ni tecnofobia ni neoludismo), sino una crítica social y política al modo en que esta es adoptada, adaptado y apropiada, y sobre el impacto que en conjunto se produce sobre el conocimiento y la innovación. El síndrome del USTeD constituye un problema político, educativo, social y cultural  que oculta y/o disimula lo que Godoy denomina “habilidades obsoletas” (obsolescencia programada pero de perfiles humanos) incluso presentes en nuestras elites intelectuales que muchas veces quedan atrapadas en la repetición de saberes que alguna vez fueron útiles, pero que hoy necesitan complejizarse frente a los desafíos actuales y por venir.

La IA y la emergencia de un nuevo USTeD

35 años después, la mirada anticipatoria y preventiva de Godoy cobra renovada vigencia. Ya no hablamos de teleinformática o telemática, sino de IA generativa y LLMs, pero la cuestión de fondo sigue allí: ¿Hemos superado el uso superficial de estas tecnologías exponenciales y las estamos aprovechando en toda su extensión y profundidad? ¿Estamos usando estas tecnologías en función de nuestras prioridades o de las de los ingenieros que las diseñaron? ¿Desarrollamos proyectos regionales vinculados con la transformación de las necesidades estructurales de nuestras comunidades o somos meros usuarios finales, sin capacidad real de decisión? ¿Estamos construyendo capacidades propias, o si seguimos atrapados en un modelo extractivista de saberes y culturas?

En América Latina, el acceso a herramientas de inteligencia artificial es cada vez más amplio pero los datos con los que se entrenan sus modelos no nos pertenecen ni están en bancos de datos regionales. Aún los servidores que los alojan están en otras regiones y las pocas reglas que los regulan su uso y estándares éticos responden a lógicas globales, exponiéndonos a una dependencia que no es solo técnica, sino epistémica, dado que no podemos auditar ni adaptar sistemas públicos clave como los de la educación, la salud, la seguridad, etc.

El USTeD en Latinoamérica en el siglo XXI puede observarse en situaciones tales como:

  • Gobiernos que contratan soluciones de IA sin un diseño geopolítico que las integre para potenciarlos.
  • Universidades que adoptan herramientas de IA sin estrategias pedagógicas y didácticas a la medida de las necesidades y desafíos de sus comunidades académicas.
  • Discursos triunfalistas sobre innovación, siempre acompañados de la inauguración de un edificio / mausoleo en donde se “debe innovar”, pero que en realidad enmascaran a las desigualdades estructurales.

En el cuarto territorio de acción definido por la OTAN en 2016, el ciberespacio, la soberanía digital es clave y tenemos que superar el USTeD si no queremos ser una región irrelevante.

El Socialware como horizonte y llamado a la acción

Revisitar a Godoy retro prospectivamente es muy provechoso dado que su señalamiento vinculado con la necesidad de contar con un enfoque interdisciplinario, situado y participativo para facilitar la orientación en el uso de las tecnologías hacia la inclusión, la justicia social y la soberanía de datos es más pertinente que nunca, ya que resulta tan estratégico y como urgente impulsar centros de datos regionales, fortalecer la formación ciudadana en torno a la IA, promover la producción de software público, con modelos mixtos (públicos y privados) que no ahoguen  a la innovación y alineados con los valores democráticos y culturales de nuestra región.

La IA no es neutral ni inevitable, pero es necesario reconfigurar nuestra relación con ella  ya que las decisiones que tomemos hoy, tal y como lo hicimos en su momento con la informática – determinarán nuestra soberanía de datos aplicada al desarrollo inclusivo de nuestra región: “La inteligencia artificial no es neutral: su diseño, uso y gobernanza deben basarse en principios éticos compartidos que garanticen el respeto a los derechos humanos, la inclusión y la diversidad cultural” (UNESCO, 2021, p. 7).

Final y recomienzo

Si algo nos enseñó Horacio Godoy, es que no basta con importar tecnología, sino que el verdadero desafío está en reconfigurar permanentemente el pensamiento, el lenguaje (en un café inolvidable nos señalaba el impacto de las muletillas en nuestras funciones cognitivas) y también el conjunto de valores con los que esa tecnología se despliega.

La IA no puede ser solo un juego entre potencias hegemónicas al que no nos sumamos en pie de igualdad. Porque la inteligencia no debe ser artificial ni humanamente ajena y necesitamos que piense con acento propio y color local. Es por eso que necesitamos y debemos superar una vez más el síndrome USTeD y generar redes prospectivas colaborativas que sean capaces de activar un nuevo socialware latinoamericano.

Referencias

CEPAL. (2021). Brechas digitales en América Latina y el Caribe: Un desafío de política pública. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). https://www.cepal.org/es/publicaciones/46687

Godoy, H. H. (1987). Socialware: Las cooperativas electrónicas y de servicios privados. Un modelo de aplicación social de la informática. Fundación Cuenca del Plata. https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/78663/CONICET_Digital_Nro.4a896b63-f619-4d3c-a788-b6b8646c2d6a_B.pdf

UNESCO. (2021). Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000381137

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